Saltar al contenido

11/3/2004

black-ribbon

Hoy hace 10 años. Madrid, línea azul, poco después de las 7:30. Estación de Principe Pío, tren detenido y avisos en los indicadores que decían que por una incidencia los servicios estarían temporalmente detenidos. La gente saliendo -no recuerdo lo que decían porque como era habitual en mi estaba con los auriculares puestos oyendo música, aunque no veía caras raras, no más allá de lo habitual-.

Recuerdo salir y tomar un bus para ir a la universidad, y una vez allí al entrar al despacho encontrarme con la cara de Luis desencajada, preguntándome si todo estaba bien -yo sin entender nada- y explicándome lo que había pasado en Atocha. Luego en medio del estupor ver llegar a Jose Luis -una de las personas más ecuánimes que he conocido- con lágrimas en los ojos por lo que había pasado en la estación de Santa Eugenia a escasas calles de su farmacia.

Las motivaciones que hacen que una persona -o grupo de personas- metan varios kilos de explosivos y lo detonen, matando a otras, son absurdas: sea la razón que sea. La vida -a diferencia de los ordenadores- no tiene control + z y los que ya no están no van a volver. El resto del día transcurrió entre un ambiente enrarecido de estupor y miedo: esa sensación de inseguridad que te invade y que no puedes controlar. Recuerdo no obstante las palabras de Jorge -otro amigo de la universidad- que nos dijo: "¿Miedo? No: hay que sobreponerse al miedo. Es precisamente lo que quieren, y no han de conseguirlo. Hemos de demostrarles que sin detonar mierdas de esas somos más fuertes."

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *