Amigos: mucha Navidad, mucha leche… pero… las luces de colores, las guirnaldas y los villancicos no ocultan la negra ponzoña que se esconde detrás de esta sociedad capitalista. Una sociedad donde la insanciable sed de beneficio destruye sin freno esa ingenua candidez de aquellos que denominamos hombres buenos…
Pero ya estoy yo aquà para impartir justicia justiciera…
Dos ejemplos del artÃculo de Carlos Enrique Millones Carrillo, profesor adscrito al Departamento de Ciencias Teológicas (pongo al lado derecho el artÃculo de mi hermano):
Esta última no tiene desperdicio:
Pueden encontrar aquà el artÃculo del profesor Millones (o aquà por si lo eliminan), y aquà o aquà el artÃculo original.
Nos queda el consuelo que al menos tuvo la delicadeza de citar a Juan Pablo II.
Actualización: Mi hermano, al enterarse que lo plagiaron no una, sino dos veces, se ha indignado -y con justa razón-. Sus comentarios, en este artÃculo de su blog.
Me cuesta asumir que Rick Wright, el tÃmido tecladista de Pink Floyd haya partido… Y es que realmente no hay dÃa en el que alguno de sus acordes toque mi alma.
¿Cómo te fuiste? Hay partidas que uno espera. A las que suavemente la vida te va preparando y que cuando llegan, pues eso… llegan.
Quizá mejor recordar con respeto, cariño y admiración una de sus (muchas) obras maestras: Celestial Voices, cuarto movimiento -y última parte- de A Saucerful of Secrets… la progresión de acordes más bellos que he oido en mi vida.
Y hoy me encuentro con un estupendo artÃculo en Barrapunto que sintetiza de manera clara esta situación. Del mismo, un breve extracto:
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el sÃndrome posvacacional es sólo la adaptación a la rutina. Nada de enfermedad, sino una adaptación a los cambios (que, como cualquier cambio, puede resultar eventualmente más o menos traumático).
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la patologización de la vida cotidiana ha provocado que socialmente se considere “enfermedades” a numerosos contratiempos del dÃa a dÃa, lo que crea ciudadanos infantilizados, que no se asumen los reveses de la vida. Estar triste por volver a trabajar no tiene nada que ver con una depresión.
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